Con todo esto de la doctrina Parot, y aunque no tenga realmente mucho que ver, he recordado una anécdota cuyo protagonista es Mario Benedetti y que a mí me contó, hace algunos años, Luis García Montero. El episodio ocurrió a mediados de la década de los ochenta, cuando el poeta granadino y el escritor uruguayo coincidieron en algún acto o banquete que se celebraba en no recuerdo qué lugar de Sudamérica. En su mesa estaba también un individuo que representaba a la institución abanderada de la delegación española en aquel periplo al nuevo continente. Era un tipo peculiar, que tras militar durante su juventud en las filas etarras y experimentar después diversos vaivenes ideológicos había acabado por ocupar un cargo de confianza dentro de un partido más proclive a los gráciles revoloteos de las gaviotas que a furibundas veleidades independentistas.
-
Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha publicado las novelas Espejo (premio Asturias Joven; KRK Ediciones, 2005), La vuelta a casa (KRK Ediciones, 2007), Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner; DVD Ediciones, 2008), La existencia de Dios (Trea, 2012), Camposanto en Collioure (Prix International de Littérature de la Fondation Antonio Machado; Trea, 2015) y El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017). También es autor de los ensayos Las tierras del fin del mundo (Trea, 2016) y La tinta del calamar (Trea, 2016; premio Rodolfo Walsh 2017). Codirigió el documental La estancia vacía (2007).