En el verano de 1997, una noche de domingo, atravesé la ciudad de punta a punta para asistir a una lectura de Ángel González. Yo había empezado a leer sus poemas un par de años atrás y me gustaban mucho, y recuerdo que me costó un poco convencer a mi padre –yo era muy joven– para que me permitiera adentrarme en soledad por las calles desiertas. Llevé bajo el brazo el ejemplar de Palabra sobre palabra que había comprado en una feria tiempo atrás, y tras el recital me acerqué a él para pedirle que me lo firmase. Uno no sabe nunca qué puede decir cuando se encuentra delante de alguien al que admira, y a mí en aquel momento sólo se me ocurrió comentarle que me gustaba mucho todo lo que escribía. Me miró con aquellos ojos claros que siempre estaban sonriendo. «Muchas gracias», respondió.
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Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha publicado las novelas Espejo (premio Asturias Joven; KRK Ediciones, 2005), La vuelta a casa (KRK Ediciones, 2007), Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner; DVD Ediciones, 2008), La existencia de Dios (Trea, 2012), Camposanto en Collioure (Prix International de Littérature de la Fondation Antonio Machado; Trea, 2015) y El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017). También es autor de los ensayos Las tierras del fin del mundo (Trea, 2016) y La tinta del calamar (Trea, 2016; premio Rodolfo Walsh 2017). Codirigió el documental La estancia vacía (2007).