En el interior de la catedral de Las Palmas de Gran Canaria, en una pequeña capilla adosada al brazo sur del transepto, se exhibe el cadáver momificado de un tal obispo Codina. Mi madrina Pili, que fue maestra, me contó que los escolares de la isla, cada vez que acuden allí de excursión con sus colegios, corren atropellados por las amplísimas naves en busca de la última morada del prelado, ansiosos por ver con sus propios ojos aquello de lo que tanto habrán oído hablar en sus casas, atraídos por la inevitable fascinación que el espectáculo de la muerte ejerce, cuando es ajena y no mancha, sobre quienes aún estamos vivos.
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Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha publicado las novelas Espejo (premio Asturias Joven; KRK Ediciones, 2005), La vuelta a casa (KRK Ediciones, 2007), Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner; DVD Ediciones, 2008), La existencia de Dios (Trea, 2012), Camposanto en Collioure (Prix International de Littérature de la Fondation Antonio Machado; Trea, 2015) y El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017). También es autor de los ensayos Las tierras del fin del mundo (Trea, 2016) y La tinta del calamar (Trea, 2016; premio Rodolfo Walsh 2017). Codirigió el documental La estancia vacía (2007).