En Collioure

De vez en cuando, se genera el debate sobre la pertinencia de exhumar los restos mortales de Antonio Machado para darles una nueva sepultura en Madrid. La llegada de la democracia trajo, como es lógico, la necesidad de superar determinadas asignaturas pendientes, y algunos entendieron que entre ellas se encontraba la de resarcir, por la vía de la reubicación, a los republicanos que habían acabado sus días en el exilio. Con ser una iniciativa comprensible, y probablemente también justificada, no creo que resulte lo más acertado si no se quiere perder la necesaria perspectiva sobre todo cuanto supuso una guerra civil cuyos traumas aún siguen heredando las generaciones más recientes. Enterrar a Machado en el centro de la capital de España, confeccionarle un túmulo a medida y convertir su nuevo lecho en una atracción más para turistas y viajeros de distinto pelaje, sería no sólo hacerle un flaco favor a la memoria de quien tuvo la austeridad por bandera y pasó su vida ajeno a fastos y oropeles, sino que también supondría desvirtuar las consecuencias de sus propios principios y, por consiguiente, hurtar determinadas claves sin las que su biografía podría quedar desprovista de sentido.

Seguir leyendo

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Estación de Francia

No me hubiese acordado de Andrea –la joven protagonista de la novela con la que Carmen Laforet ganó el Nadal en 1945– ni de su llegada a Barcelona de no haber sido porque Sergio Gaspar, en una calurosísima tarde de agosto, guió mis pasos hasta los aledaños de la Estación de Francia para descubrirme que los tesoros más fascinantes de las ciudades no tienen por qué aparecer a doble página en las guías ni estar rodeados de turistas ansiosos por inmortalizar con sus cámaras todo lo que sus ojos apenas tienen tiempo a contemplar.

Seguir leyendo

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Una ausencia

Hace unas semanas, escribí aquí acerca de Josep Maria Flotats, el peluquero de la plaza Lesseps, y de cómo nos habíamos conocido hace cosa de cinco años, cuando yo llegué a sus dominios en busca de los vestigios del cine Roxy y él me abrió las puertas de su trastienda para referirme los ecos de un pasado que se había ido desvaneciendo casi sin que nadie lo advirtiese. No conté entonces la historia completa. Al regresar de aquel viaje, le dediqué un artículo que publiqué en el periódico en el que colaboraba entonces. Cuando, un año después, regresé a Barcelona, aproveché que el hotel donde me alojaba no caía lejos del barrio de Gràcia para acercarme por allí y saludarle brevemente. No sólo me recordaba, sino que además había conseguido hacerse con mi artículo –se lo habían enviado por correo unos conocidos, según me hizo saber– y lo había incorporado a uno de los álbumes donde clasificaba los recuerdos del lugar en el que había transcurrido toda su vida.

Seguir leyendo

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Rambla del Raval

La Rambla del Raval, que se abre en el solar donde un día se alzaron decenas de manzanas del viejo barrio chino, es un amplio bulevar que acaso ejemplifique mejor que ninguna otra cosa el lavado de cara con el que las autoridades barcelonesas intentan, desde hace años, suavizar el carácter de un territorio que Javier Calvo definió en cierta ocasión como «un grano en el culo de la ciudad». La recorrí hace un par de días junto a Luis García Jambrina, con el que una afortunada casualidad me hizo coincidir en Barcelona, y él recordaba cómo en su primera visita, hace más de treinta años, aquello era una auténtica jungla sin ley en la que los robos se producían a la vista de todo el mundo y por cuyos vericuetos era imposible adentrarse sin que anidaran en el estómago los gusanos del miedo.

Seguir leyendo

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Plaza Rovira

No le salieron las cosas demasiado bien a Antoni Rovira i Trias. Su proyecto quedó el primero entre todos los que se presentaron al concurso que se convocó para dilucidar el trazado del flamante Ensanche barcelonés, pero ciertas maniobras orquestadas desde Madrid llevaron a que la concesión acabara en manos de Ildefons Cerdá. Fue éste quien diseñó esas calles kilométricas que dieron paso a la gran Barcelona y que resultan armónicas y, a la vez, apabullantes: uno empieza a andarlas y siempre llega un momento en el que piensa que no llegará a concluirlas nunca. La firma de Rovira, que iba a ser el gran apóstol de la modernidad urbanística en una Ciudad Condal nueva y pujante, sólo se adivina hoy en el Mercado de San Antonio, la columnata del Palau Moja y el campanario cuyas alturas dominan la cotidianeidad del barrio de Gràcia.

Seguir leyendo

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario