En mi imaginario, y creo que en el de la mayoría de los componentes de mi generación, Harold Ramis comenzó siendo el doctor Spengler de Los cazafantasmas, líder intelectual de aquel grupo de científicos medio chiflados que por dos veces libraron a la ciudad de Nueva York de perecer a manos de pintorescas hordas ectoplásmicas, pero terminó ocupando un papel mucho menos visible, aunque infinitamente más sustancioso. Porque, unos pocos años después, Harold Ramis fue el guionista y director de una película cuya adscripción al formato de la comedia ha hecho que sea juzgada muchas veces desde una perspectiva superficial o frívola y que, sin embargo, encierra una reflexión más que amarga acerca de la condición humana.
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Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha publicado las novelas Espejo (premio Asturias Joven; KRK Ediciones, 2005), La vuelta a casa (KRK Ediciones, 2007), Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner; DVD Ediciones, 2008), La existencia de Dios (Trea, 2012), Camposanto en Collioure (Prix International de Littérature de la Fondation Antonio Machado; Trea, 2015) y El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017). También es autor de los ensayos Las tierras del fin del mundo (Trea, 2016) y La tinta del calamar (Trea, 2016; premio Rodolfo Walsh 2017). Codirigió el documental La estancia vacía (2007).