El presidente Suárez pasó sin despeinarse de ser un franquista aplicado y ambicioso a convertirse en rostro y síntesis de la nueva democracia. Mi abuela estuvo siempre en el mismo bando, el de quienes tenían que bregar a diario para conseguir comer caliente y criar con decencia a sus hijos. El presidente Suárez pasó sus últimos años en una urbanización de lujo de las afueras de Madrid. Mi abuela nunca abandonó la humilde vivienda donde transcurrió la mayor parte de su vida, en un modesto barrio obrero de la cuenca minera asturiana. Al presidente Suárez pasaba a verlo, de vez en cuando, el Rey de España. Mi abuela trataba constantemente con sus hijos, con sus nietos, con la vecina de arriba y con tres o cuatro amigas con las que tomaba café cada tarde, en la confitería. El presidente Suárez se ha muerto este domingo, a la hora del telediario, en una clínica privada a cuya puerta hacían guardia más de diez y más de veinte medios de comunicación. Mi abuela falleció el jueves pasado, unos minutos después de las cinco de la tarde, en su casa y en la compañía de sus seres más queridos.
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Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha publicado las novelas Espejo (premio Asturias Joven; KRK Ediciones, 2005), La vuelta a casa (KRK Ediciones, 2007), Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner; DVD Ediciones, 2008), La existencia de Dios (Trea, 2012), Camposanto en Collioure (Prix International de Littérature de la Fondation Antonio Machado; Trea, 2015) y El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017). También es autor de los ensayos Las tierras del fin del mundo (Trea, 2016) y La tinta del calamar (Trea, 2016; premio Rodolfo Walsh 2017). Codirigió el documental La estancia vacía (2007).