En el último año he publicado dos artículos, uno en el suplemento cultural de La Vanguardia y otro en Qué Leer, en los que proponía sendos recorridos por el Oviedo de hoy siguiendo las huellas de la Vetusta que Leopoldo Alas Clarín engendró en las páginas de La Regenta. El tiempo hace su trabajo con tanta vehemencia, para bien y para mal, que muchas veces nos lleva a extraviar la perspectiva adecuada desde la que otear las dimensiones de las cosas. Tenemos tan asumido que La Regenta es uno de los clásicos por excelencia de nuestra literatura, tenemos tan interiorizados los giros de su trama y sus trasfondos argumentales —se hicieron incluso dos adaptaciones cinematográficas, una algo irregular de Gonzalo Suárez y otra bastante más lograda a cargo de Fernando Méndez-Leite—, que a menudo olvidamos que su lectura estuvo prácticamente vetada durante casi medio siglo, y que sólo gracias a la perseverancia de ciertos editores y algún que otro profesor universitario que se atrevió a pelear contra el dogma establecido desde la ortodoxia se pudo, al fin, disfrutar de sus virtudes en todo lo que valían, que era muchísimo. Igual que ocurre con casi todos los clásicos, La Regenta es mucho más citada que leída, también o sobre todo en Oviedo, donde las estirpes de más rancio abolengo no dudan en llenarse la boca con el topónimo Vetusta sin reparar en que, al emplearlo, hacen más bien poco por dignificar a la ciudad en la que tienen cuna y hacienda.
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Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha publicado las novelas Espejo (premio Asturias Joven; KRK Ediciones, 2005), La vuelta a casa (KRK Ediciones, 2007), Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner; DVD Ediciones, 2008), La existencia de Dios (Trea, 2012), Camposanto en Collioure (Prix International de Littérature de la Fondation Antonio Machado; Trea, 2015) y El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017). También es autor de los ensayos Las tierras del fin del mundo (Trea, 2016) y La tinta del calamar (Trea, 2016; premio Rodolfo Walsh 2017). Codirigió el documental La estancia vacía (2007).