Vi la placa por casualidad hace unos meses, mientras descendíamos la calle de Atocha en busca del Museo del Prado. Aunque está donde ocurrió todo, junto al portal número 55, los encargados de instalarla la pusieron a cierta altura, y supongo que eso hace que pase inadvertida para la mayoría de quienes, ajenos a onomásticas y evocaciones históricas, transitan por las aceras madrileñas sin otra vocación que la de perseverar en sus quehaceres diarios. La inscripción recoge los nombres de las víctimas —Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz, Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez Leal— junto con un breve resumen de los trágicos acontecimientos que, pese a haber sido suficientemente relatados, cada vez se van enterrando más y más en el olvido. En el tercer piso de ese inmueble, hubo en 1977 un despacho de abogados laboralistas. La noche del 24 de enero de ese año entraron en él dos pistoleros de extrema derecha y dispararon a todos los que encontraron dentro: fallecieron cinco personas, aquéllas cuyos nombres ocupan la placa, y resultaron heridas otras cuatro.
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Miguel Barrero (Oviedo, 1980) ha publicado las novelas Espejo (premio Asturias Joven; KRK Ediciones, 2005), La vuelta a casa (KRK Ediciones, 2007), Los últimos días de Michi Panero (premio Juan Pablo Forner; DVD Ediciones, 2008), La existencia de Dios (Trea, 2012), Camposanto en Collioure (Prix International de Littérature de la Fondation Antonio Machado; Trea, 2015) y El rinoceronte y el poeta (Alianza, 2017). También es autor de los ensayos Las tierras del fin del mundo (Trea, 2016) y La tinta del calamar (Trea, 2016; premio Rodolfo Walsh 2017). Codirigió el documental La estancia vacía (2007).