Náufrago en la meseta [V]

La ciudad es, también, un largo inventario de ausencias. Es posible recorrer sus calles siguiendo un reguero de huellas que conducen al pasado y hablan de todo lo que el paso del tiempo ha desvanecido. Por aquí y por allí se suceden locales cerrados cuyos rótulos apelan a negocios en los que ya no se compra ni se vende nada. También hay casas que parecen resistir amparadas únicamente en la fuerza del recuerdo de quienes una vez fuesen sus moradores. Hay rincones oscuros en los que aún no se han deshecho del todo los ecos de unas épocas más benéficas o halagüeñas. También otros en los que sólo es posible la constatación plena del vacío. Espacios donde el olvido cobra cuerpo y la nada se hace ente corpóreo y bien tangible. Un hecho cierto que ilustra la fugacidad de las cosas y la certeza de que éste es nuestro mundo, pero hubo un tiempo no lejano en el que fue el mundo de otros.

A veces, en mis paseos, trato de imaginar cómo fue la vida aquí antes de que yo llegara, y antes de que llegaran muchos de los individuos anónimos con los que me cruzo por las calles. Miro los escaparates de las tiendas que aún resisten pero que parecen ancladas en décadas que sucedieron hace mucho, establecimientos en cuyo interior apenas hay nunca más de dos o tres personas, y me pregunto qué aspecto tendrían cuando eran comercios novedosos, y hasta vanguardistas, y el público se hacinaba ante sus mostradores en pos de las últimas mercancías. En otras ocasiones no hay más remedio que entregarse al juego infructuoso de las divagaciones estériles. En pleno centro, un portal viejo y destartalado conserva una inscripción que recuerda que allí tuvo su cubículo el zapatero Antonio, y siempre que paso por delante no puedo evitar imaginarme al tipo que una vez llevó tal nombre ni fabulármelo entregado a sus remiendos y sus reparaciones, igual que me imagino a sus clientes entrando y saliendo con los botines maltrechos o ya en perfecto estado de revista, todos ellos fantasmas amables que habitan el limbo en el que yacen las ausencias de esta tierra que se ha ido vaciando a fuerza de progresos que siempre ocurrían en otras partes y de penurias que, por el contrario, sólo cabía experimentar en carne propia.

zapateroantonio

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