Noticias de Joe

Me caen bien las personas que hablan poco porque siempre suelen contar cosas interesantes. Joe y yo apenas cruzamos palabra cuando nos conocimos un sábado 5 de septiembre, a eso de las nueve y media de la mañana. Recuerdo con tanta precisión la fecha y la hora porque ambos iniciábamos en esos precisos instantes nuestra andadura por el Camino de Santiago. Coincidimos al pie de un paso de cebra en el centro de Oviedo y le perdí de vista un par de kilómetros más tarde, al enfilar las rampas que ascendían hasta San Lázaro de Paniceres. Volví a tropezármelo dos días después, en el vestíbulo de un hotel de Tineo, y desde entonces fuimos encontrándonos y desencontrándonos con puntualidad irregular hasta que nuestros destinos confluyeron en las naves de la catedral compostelana. Mantuve con él unas cuantas charlas que avanzaban a trompicones —él con su imperfecto castellano de Detroit, yo con mi trabado inglés de Mieres— y que sirvieron para darme cuenta de que me encontraba ante un personaje de una pieza. Hoy puedo decir que sé muy poco de Joe Murdock. Desconozco su oficio y su genealogía, ignoro en qué lugar del mundo deja transcurrir su día a día y no sé si tiene descendencia o aprovecha los domingos para ir a misa y comer luego en casa de sus padres o si prefiere entregarse a la práctica de algún deporte. Sé, a cambio, que es la clase de individuo de la que podría fiarme si en un momento dado me encontrara perdido en el bosque solo, sin víveres y a merced de los bandidos y los animales salvajes.

Esta última tarde de un año que se va y que fue el mismo en el que nos conocimos, he recibido un largo correo electrónico suyo en el que me relata pormenorizadamente sus andanzas de los últimos meses. He sabido así que, en pleno otoño, Joe salió en busca de las luces del Ártico para presenciar con sus propios ojos el fenómeno de la Aurora Boreal, que tuvo que padecer una serie de inclemencias meteorológicas y que se encontró con todos los cordones de seguridad que se desplegaron en las fronteras como consecuencia de la crisis de los refugiados. Los controles para entrar en Suecia desde Dinamarca eran brutales, explica, aunque a él no le afectaron porque viajaba en dirección contraria. Se detuvo en Copenhague, llegó a la región de Alsacia y tuvo ocasión de pasear por los mercados navideños de Estrasburgo y Colmar antes de dejarse conducir hasta Alemania para recalar en Friburgo, Stuttgart y Munich, con escapadas puntuales a Innsbruck y Salzburgo.

[Artículo completo en Asturias24]

extrano viajeEl14

«El extraño viaje» (Fernando Fernán Gómez, 1964)

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